El último romántico del Imperio



Su suicidio fue un gran golpe para todos y provocó numerosos interrogantes: ¿cómo?, ¿por qué?.. Aparentemente no tenía motivos para ello. ¿No habrá que buscar la respuesta en nuestro sistema de educación? ¿Acaso este sistema no educa ora a seres indiferentes, sin ideal alguno, ora — y estos son los menos — a idealistas románticos, maximalistas, que con grandes dificultades enfrentan la realidad? Pero a veces no resisten y se quiebran como Kolia Yarálov.

Un joven se suicida

Aquel día en la velada de poesía celebrada en la escuela, Kolia Yarálov se comportó de un modo diferente: no recitó versos, y durante la discoteca él — un joven que nunca bailaba — se divirtió a más no poder con todas las muchachas. Alguien que notó su euforia le preguntó: «¿Oye, Kolia, qué te pasa?» A lo que respondió: «Estoy recuperando el tiempo perdido…»

Detrás de esos detalles insignificantes, miradas y frases dichas de paso, se ocultaba un terrible drama: Kolia venía preparando el suicidio. Al parecer había estado camuflando durante varios meses aquella idea demente, y la guardaba como la última bala.

Del testamento de Kolia Yarálov:

«Tengo plena conciencia de lo que hago. Sé que les causaré un gran dolor. Me dan mucha lástima, pero más lástima siento de mí. Debo poner punto final antes de que sea tarde. Perdónenme por todo. Yo solo tengo que resolver este problema. Es cuestión de honor… No acusen de mi muerte a nadie. Ni a la escuela, ni a la familia. ¡Nadie tiene la culpa! Entiérrenme lo antes posible, en un lugar alto, junto a una arboleda, desde donde se vean las montañas. No quiero ningún tipo de ceremonias. No hagan de mi caso una tragedia. Deseo tranquilidad… Entreguen mi carné del Komsomol y mi foto al campamento de pioneros Orlionok… Quizá cometa una tontería. Créanme, ¡yo no quiero morir!, pero tampoco deseo seguir viviendo de esta manera…»

…En la reunión de pedagogos que discutió la muerte de Kolia, a sus padres les reprocharon que el niño fuera demasiado culto, honrado; que ellos tendrían que haberlo forjado mejor para enfrentar las dificultades…

A Kolia le gustaban las obras de Beethoven y Bach, las canciones acompañadas con guitarra. También amaba la poesía, la literatura rusa. Le agradaba ir a las montañas, las excursiones, en las que participó por primera vez a los cuatro años de edad.

Del diario de Kolia Yarálov: «¿Qué sé de mí? Unas cinco veces más que los demás. Y cada día me descubro nuevas cosas. En general me considero una persona positiva. Pero también tengo en mí el mal, la crueldad y la soberbia.

»…¿Qué valoro en mis compañeros y en las personas en general? En los primeros, su capacidad para comprender a los demás. Y en la gente, la nobleza, la pureza, la cultura, la inteligencia, el orgullo, la honradez…

»Desde la infancia mi libro favorito fue El rey Mateo I, del escritor antifascista polaco Janusz Korczak. Lo leí unas treinta veces. Y siempre me largo a llorar cuando al final muere Mateo…

»Confieso que comparto plenamente sus pensamientos, sus alocadas ideas de mejorar el mundo, de hacer a la gente más pura…»

…Cierta vez su tía lo llevó a un estudio de dibujo, y en seguida sus obras infantiles aparecieron en las exposiciones, fueron destacadas incluso por los profesionales. Pese al éxito, prefirió trabajar con los muchachos en el Palacio de los Pioneros.

De una conversación mantenida con sus compañeras de clase:

— Kolia en los recreos siempre llevaba consigo el libro Materiales del XXVII Congreso del PCUS.

— Pero… ¿lo llevaba por si acaso?

— ¡No, qué va! Lo leía…

Del diario de Kolia Yarálov: «…Quiero hacer que todos vivan bien, pero en un mundo donde reina el proteccionismo, el culto al dinero y la fuerza, la bajeza, esto resulta imposible.

»Yo elegí como arma de lucha el Komsomol… La perestroika ha echado raíces en las organizaciones del Komsomol, pero últimamente sus ritmos han decaído…

»Algunos komsomoles menosprecian nuestros valores morales, espirituales e históricos. Siento vergüenza de ser su camarada… El Komsomol ya no desempeña el papel de antes como organización educativa de los jóvenes…»

Cierta vez la madre de Kolia le dijo en un arranque de cólera: «¡A ti hay que extirparte de raíz ese Komsomol!»

Kolia, muy ofendido, le dijo en otra ocasión: «Está bien, mañana dejo de ir al Palacio. Pero con la condición de que tú también dejes de ir a tu hospital. ¡Abandones tu trabajo!…»

De una conversación con Ariana Dzhióieva, secretaria del Komsomol provincial en Osetia del Sur:

— Una vez Kolia me propuso organizar un koljós escolar, que contara con sus propios tractores, su campo, su granja. Pero yo le contesté: «Sería mejor que comenzáramos por organizar trabajos voluntarios comunes y corrientes». Mi respuesta lo entristeció. Otra vez vino con la idea de crear una organización de Komsomol extraescolar. Es decir, reunir a los mejores komsomoles de las escuelas y formar un grupo de choque. Yo traté que bajara de las nubes y pusiera sus pies en la tierra, diciéndole: «Aquí tienes tu estado mayor, tú eres su comandante, ¡trata de interesar a los chicos!.. Pero él agitó su mano y me contestó: «¡No es lo mismo!…»

¿No será que la ola espantosa de suicidios de adolescentes está motivada por la edad? Sí, es verdad que el adolescente se halla más expuesto a caer en estreses, en dramas sicológicos, pero tiene que haber algo que lo detenga, un sistema protector, un eje espiritual interno. Kolia contaba con semejante eje, tenía su propia fe, sus ideales…

De una composición de Kolia Yarálov: «A Pavka[1] le fue más fácil. Por lo menos, él luchaba contra un enemigo visible… Quisiera entregar todas mis fuerzas a la liberación de la humanidad y el establecimiento de valores verdaderamente humanos. Soy capaz de cometer una hazaña, pero no existen las condiciones para ello. Todas mis ideas resultan en vano si nadie llega a comprenderlas. No encuentro apoyo y comprensión en nadie…»

…¿Acaso Kolia Yarálov era un muchacho raro? ¿O, al contrario, era un chico normal, bien centrado?..

Todo el mundo había notado que para fines del noveno grado la pasión de Kolia por el trabajo social ya no era la misma de antes. Pero en forma imprevista el chico se marcha al ejemplar campamento de pioneros Orlionok.

De una carta de Kolia Yarálov: «…Nadaba como un pez en el agua en este ambiente. Sentía tanta energía que incluso me pasaba las noches pensando. El trabajo fue sumamente intenso… Nos acompañó un grupo de pedagogos de Leningrado. ¡Qué personas tan maravillosas! ¡Nos sentíamos dos pasos más adelante de la vanguardia de la perestroika?

«Fui elegido al Consejo Nacional, en total somos 16 personas para toda la URSS. Voy a trabajar para Transcaucasia».

Kolia halló el punto de apoyo con el cual pensaba volcar el mundo.

De una carta — posterior — a otro participante de la reunión:

«… Ahora me siento de mal humor. Se nos ha agravado mucho la situación, los problemas obstaculizan muchísimo nuestro trabajo, el cual no resulta. Después de una serie de éxitos, comenzó para mí un periodo difícil. Resulta que nadie necesita mi trabajo. Los jóvenes abandonan nuestras filas. No soy capaz de interesarlos. Para el 70 aniversario del Komsomol celebramos una asamblea de los últimos grados. Les hemos dado todo lo mejor, pero a cambio no recibimos nada…»

De una carta de Kolia a Tania Gavrilenko[2], guía de pioneros en Orlionok:

«…Me encuentro totalmente desconcertado. Cuando estoy fuera del campamento siento los ideales — y, quizás, hasta artificiales — que son allí las condiciones de vida. Después de lo que ven mis ojos no sé para qué sirve mi trabajo, para qué funciona Orlionok, tal cual es. ¿Quién necesita de nuestro trabajo? En el desorden en que vivimos ¡nadie será capaz de hacer nada!..»

En una de sus últimas cartas Kolia escribió: «No cumplí con mi deber, con lo que me habían encargado. Ahora mi vida ya no vale nada…»

¿Quizás el culpable de la muerte de Kolia sea el campamento? Allí existen condiciones ideales, personas sinceras, correligionarios en el verdadero sentido de la palabra. Mientras que la vida cotidiana es totalmente otra, de color gris. Alguien dijo con suma justeza: «El campamento es una isla maravillosa»…

A prepósito, cada uno debe tener su propia norma de vida: la de «allí» o la de «acá». No tiene sentido hacer de los chicos personas que van «dos pasos más adelante de la vanguardia de la perestroika». Que cada uno elija su propio camino. Y eso fue precisamente lo que hizo Kolia: eligió su camino…

…Se levantó en la mañana y comenzó a prepararse con tranquilidad. Cogió su cuaderno preferido con las notas hechas en Orlionok, sacó el retrato de Napoleón, que tenía en un lugar de honor en el armario. Sobre su mesa quedó un recorte de revista acerca del suicidio del joven poeta Alexandr Bashlachiov.

Napoleón… Bashlachiov… Su canción reza lo siguiente: a un aguador del koljós lo hipnotizó un mago que estaba de gira, y el primero se creyó Napoleón. Cuando la hipnosis pasó, el aguador se quedó con la levita de emperador. Y no pudo seguir viviendo.

¿Quién o qué hipnotizó a Kolia?

¿Los deseos de cometer una hazaña, de tener una muerte heroica, un gran sufrimiento? Sueños de chicos. Pero ¿cómo saber sobre hazañas relacionadas con la infinita paciencia, la vida cotidiana? ¿Acaso junto con la biblia de bolsillo o de mesa desapareció también la idea sobre el pecado y la purificación, sobre el supremo don — la vida — y sobre el deber de cargarlo celosamente, venciendo, paso a paso, todos los sufrimientos en aras del amor?

En cualquier libro abundan los ejemplos de luchadores por un futuro mejor. ¿Pero dónde están los ejemplos de predicadores, misioneros, pastores y médicos o, simplemente, de trabajadores con cuyos esfuerzos y abnegación se creó el humanitarismo?

Durante largos años en nuestra pedagogía reinó un principio que no dejaba lugar a alternativas. El suicidio de Kolia Yarálov nos obliga a revisar esa vieja fórmula. El ser humano debe contar con variantes para todo: para elegir su modo de comportamiento, su estilo de vida, sus ideas, sus organizaciones sociales… Y, por supuesto, el símbolo de su fe.

Abreviado del diario KOMSOMOLSKAYA PRAVDA



[1] Se refiere a Pável Korchaguin, protagonista de la obra de Nikolái Ostrovski Así se templó el acero, que trata de la vida de los komsomoles de los años 20 — 30 (N. de la Red.).

[2] En publicación original en Komsomolskaya Pravda: «De la carta a Kolya de Tania Gavrilenko, guía de pioneros en Orlionok» (Webmaster).

Víctor KIYANITSA y Borís MINAIEV
Sputnik n.° 9, 1990.


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